miércoles, 3 de septiembre de 2014

Artículo de Salva Velilla en torno al Paisaje del Viñedo de Rioja Alavesa

ENTRE LAS SIERRAS DE CANTABRIA, TOLOÑO  Y EL RIO EBRO:
RIOJA ALAVESA PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Al sur del Territorio Histórico de Álava se extiende una larga cadena montañosa conocida en los primeros documentos escritos como la sierra, luego subserra (bajo la sierra) y, tras su pertenencia al reino de Navarra durante la Edad Media, pasó a conocerse como la Sonsierra de Navarra. Recuérdese que este reino tuvo, por breve tiempo, su capitalidad en la vecina localidad de Nájera, en cuya iglesia se encuentra enterrada doña Blanca de Navarra, hija de la Sonsierra. Durante años y años esta tierra fue continuamente disputada por navarros y castellanos, nada raro en aquellos tiempos cuando los reinos se estiraban y encogían como nubes veraniegas zarandeadas por el viento. A partir de los Reyes Católicos, el año 1486, la mayoría de los pueblos que formaban la Sonsierra de Navarra dejaron de pertenecer al Reino de Navarra, uniéndose a las hermandades de Álava, entrando a formar parte del Territorio Histórico de Álava hasta nuestros días. La villa de San Vicente de la Sonsierra, así como las aldeas de Ábalos, Peciña y Rivas quedaron en poder de Castilla y hoy forman parte de la Comunidad Autónoma de La Rioja.
Este continuo tira y afloja, este ser frontera, es indudable que ha dejado en los hombres  y mujeres de Rioja Alavesa, como herencia, un espíritu acogedor, alegre, dicharachero, jovial,  directo, sin doblez. Hoy día Rioja Alavesa cuenta con una veintena de pueblos que se desparraman a los largo de 316 Km2, y algo más de diez mil habitantes dedicados, en su mayoría, a cultivar con verdadero esmero doce mil hectáreas de viñedo, cuyo fruto ha dado y sigue dando renombre a esta tierra.
Es esta una tierra dura y a la vez dulce, reseca y a la vez surcada por números riachuelos, que produce vinos suaves, brillantes y aromáticos, pletóricos de sabores afrutados cuando son jóvenes y llenos de buenas sensaciones al paladearlos como crianzas o reservas. Una lengua montañosa, apretujada entre las sierras de  Cantabria y de Toloño por el norte, que baja jugueteando de monte en monte, hasta las riberas del río Ebro que la cierran por el sur.
Dólmenes, bodegas y lagares apie de la carretera A-124. Si venimos del norte, una vez cruzado el túnel de las Conchas, se llega al Portal de La Rioja y en la rotonda giramos hacia el oriente, acompañados al poco por viñedos y el río Ebro. Antes de llegar a Laguardia, a pie mismo de la carretera, unos carteles anuncian la presencia de dólmenes, monumentos funerarios que guardan restos de cerámicas, objetos de adorno y personas enterradas 4.000 años antes de Cristo: Layaza, el Sotillo, San Martín son dólmenes a pie de carretera. Si nos desviamos un poco, camino de Elvillar,la Huesera y la Chabola de la Hechicera son dos dólmenes que conservan el túmulo, un conjunto de piedras, areniscas unas y calcáreas otras, que cubrían el monumento. Quienes los habitaron eran poblaciones nómadas que conocían la bondad y riqueza de estas tierras, en las que abundaban lagunas que les proporcionaban pesca y caza y tenían  cerca una sierra cubierta de robles, encinas y madroños.
Al norte de Laguardia se puede visitar el poblado berón de Laguardia y en el casco de la villa, al sur, un enorme estanque celtibérico, único en el País Vasco.
Y junto a los dólmenes, modernos edificios, algunos firmados por las más prestigiosas firmas del mundo de la arquitectura, que guardan el preciado tesoro de esta tierra, el vino: bodegas Torres, Óbalo, Baigorri,Ostatu, Launa, Pagos de Leza, Heredad Ugarte, Ysios, Campillo, Gómez de Segura, Viña Emiliano, Viña Real…, todas a pie de carretera, haciendo compañía a los dólmenes que se levantaron hace seis mil años. Todas merecen una pausada parada, para conocer de primera mano el complicado camino que hace el vino desde la cepa a la copa.
Y a ambos lados de la carretera pequeños carteles que indican la presencia de lagares excavados en roca, reliquias medievales que hablan de la pronta y amplia presencia del vino en estas tierras y es que dicen que el vino llegó Ebro arriba, acarreado por los romanos que lo remontaban en barcazas y de cuyopaso hablan el puente Mantible, junto al poblado romano de Assa, estelas funerarias halladas aquí y allí y un magnífico alfar en la confluencia de caminos que de Laguardia van a Lapuebla y a la villa de Elciego.
Cabalgando por las sierras de Toloño y de Cantabria. En el recorrido nos va acompañando la sierra que, con el nombre de Toloño primero y en la parte central y oriental como Sierra de Cantabria, se eleva arrogante, arrancándose desde unos breves matojos y apuntando en seguida al cielo, transformándose en desnudas agujas o, mejor, en filo de un estirado alfanje, a lo largo de más de treinta kilómetros. Mirada de lejos esta cadena montañosa, el azul grisáceo intenso que tienen sus rocas atrae como un misterio que hay que descifrar. Sus más de 1.400 metros de altitud hacen de barrera y detienen los fríos vientos del norte y las lluvias,  creando un microclima en el lado sur propicio para el viñedo, bueno para los cultivos mediterráneos. En la zona norte caen unos mil litros de agua por metro cuadrado y las laderas están cubiertas de profundos hayedos, en la zona sur hay pueblos que no reciben más de cuatrocientos litros y le encina ha sido el árbol emblemático, habiendo sido sustituido por campos y campos de viñedos. Cuando aprieta el aire frío del norte y se acercan las lluvias, el calor del sur  ayuda a que se forme una capa blanca que cubre las cimas y  se precipita por las laderas a modo de cascada interminable, que no acaba de caer. Es el efecto Föhn, cuando se juntan el aire frío del norte y el aire caliente del sur y que los naturales del país llamar el norte, o la capa el cierzo
Cuando los árabes llegaron al Ebro, los reyes navarros levantaron en lo alto del Toloño un pequeño castillo, otro conocido como Villamonte y en lo alto de la Sierra de Cantabria se pueden ver las ruinas de los castillos de Herrera (San León), Toro y Marañón, éste último en lo alto del Pico de Lapoblación, conocido también como el León Dormido, por la forma que tiene. Hoy día son cumbres que gusta conquistar a los montañeros y cuyas verticales paredes son aprovechadas para la escalada.
Ermitas, monasterios y Villas. La carretera que vamos siguiendo cruza villas que guardan importantes vestigios de épocas pasadas. Al comienzo del recorrido, Salinillas de Buradón y Labastida conservan arcos y puertas de cuando estuvieron amuralladas y la ermita del Santo Cristo de Labastida, así como la iglesia de Samaniego mezclan los muros y torreones de fortalezas medievales  con las torres y espadañas de templos cristianos. La ermita de Santa Lucía, en Labastida, la de Berberana en Laguardia, Santiago en Navaridas o la de Bercijana en Yekoraguardan restos románicos que hablan de un rico pasado que culmina en el pórtico cromado en época gótica de Santa María de Los Reyes, en Laguardia. Laguardia, villa vigía, que ofrece a los visitantes cinco entradas y cuyas estrechas calles, con casas  en piedra de sillería  y señoriales blasones, devuelven al visitante a otros tiempos, incluso cuando el bullicio y el ruido invaden sus calles. Por no hablar de Labraza, típico pueblo medieval, con calles silenciosas y bien cuidadas, que conserva extramuros la vieja fuente del Moro, así como dos pozos de nieve.
En algunas entradas y plazas se  levanta airoso el rollo o picota, símbolo de justicia y recuerdo perenne de cuando las aldeas pasaron a ser reconocidas como villas, independizándose de Laguardia. Años ricos aquellos en los que se hicieron las iglesias de Elciego, Oyón, Elvillar,  y Moreda con espléndidos retablos renacentistas, barrocos y neoclásicos, con sus llamativas torres  y sus cúpulas artísticamente pintadas. Es Rioja Alavesa que, como Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo, ha merecido el calificativo de Bien Cultural con la categoría de Conjunto Monumental por parte del Gobierno Vasco y que con el Gobierno de La Rioja, junto al paisaje de la Rioja Alta, han sido presentados ante la UNESCO para ser reconocidos como Patrimonio de la Humanidad.

Investigador de temas riojano alaveses

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