jueves, 4 de septiembre de 2014

Paisaje y Territorio en la Rioja Alavesa (Valentín García Martelo)

Paisaje y Territorio en la Rioja Alavesa

La candidatura del ”Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo en la Rioja y Rioja Alavesa” para su inscripción en la lista de Patrimonio Mundial como Bien Cultural, propuesta conjuntamente por los Gobiernos Autonómicos de La Rioja y Euskadi, se encuentra pendiente de evaluación por parte del organismo internacional responsable de la misma.
 
Para algunos de los que vivimos en la zona, esta candidatura ha supuesto una sorpresa por cuanto ésto, que ahora se pretende elevar a la categoría de Patrimonio Mundial, es una realidad que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida, y ha sido vivida, como tantos otros extremos, con la naturalidad que lo cotidiano imprime a nuestra propia existencia.

Ahora bien, el sólo hecho de que se pretenda que un paisaje sea considerado como elemento diferencial que, asignándole un valor, pueda ser ponderado con marchamo de bien común afectante a toda la Humanidad, representa una oportunidad para realizar una reflexión acerca de cómo se interpreta el concepto de paisaje y si verdaderamente es tan trascendental un aspecto que, a primera vista, parece algo inevaluable.

A continuación se presentan unos apuntes, sin otra pretensión que aportar información al respecto, que  nos permitan tener una visión más acorde con la realidad, y valorar en su justa medida la dimensión de la propuesta realizada.   


Concepto de paisaje

Definir el concepto es el primer paso. ¿Qué es el paisaje?

Todos tenemos una idea intuitiva de paisaje. De hecho hacemos frecuentes referencias al mismo, las más de las veces limitando nuestra descripción al elemento puramente físico que visualizamos.

Esta idea, que es perfectamente útil “para andar por casa”,  ha quedado superada desde el ámbito de la ciencia que se dedica al estudio del territorio, su ordenación y planificación. Para los especialistas el paisaje va más allá del puro espacio físico que, siendo el soporte, precisa de otros elementos configurantes. De las numerosas definiciones existentes se apuntan las dos siguientes, dadas por reconocidos teóricos  en 1975 y 1986 respectivamente:

-         El Paisaje es un mediato entre naturaleza y sociedad. Tiene como base una porción de espacio material que existe en tanto que estructura y sistema ecológico, independientemente de la percepción.
  
-         El Paisaje es una porción de territorio heterogéneo compuesto por conjuntos de ecosistemas que interaccionan y se repiten de forma similar en el espacio.  

Parece claro, por tanto, que un paisaje precisa como soporte de un espacio físico, y que además el mismo ha de estar dotado de ciertas características, entre las cuales la estructura de un sistema ecológico – ecosistema- se revela como elemento imprescindible.

Precisamente la incorporación de estas características ha provocado que, desde los años setenta del pasado siglo, la ciencia territorial se encuentre inmersa en un proceso de revisión del papel (secundario las más de las veces, cuando no anecdótico o de puro acompañamiento) tradicionalmente asignado al paisaje dentro de la misma detectándose una evolución en el tratamiento del mismo, que va desde su consideración en el ámbito de la Ordenación del Territorio sólo en los casos de paisaje excepcionalmente bello hacia la consideración del paisaje (donde la belleza pasa a ser sólo una cualidad  adjetivadora) como una variable más, y no la menos influyente, en la conformación de un espacio que representa valores, formas y hábitos socio-culturales próximos.

Nuestra Comunidad Autónoma no ha sido ajena a esta evolución. Mediante Decreto 28/1997, de 11 de febrero, fueron aprobadas las Directrices que la Ley 4/1990, de 31 de mayo, de Ordenación del Territorio del País Vasco, establecía como uno de los instrumentos de ordenación territorial. Pues bien, en 2012 se aprueba inicialmente la modificación de las citadas Directrices, aludiendo a la necesidad de “hacer evolucionar elementos que han cobrado un creciente protagonismo”, citando de entre ellos la movilidad sostenible y el paisaje.

 También a nivel estatal se percibe en su legislación una mayor sensibilidad. Así por ejemplo, el artículo 2 del Texto Refundido de la Ley de Suelo aprobado mediante Real Decreto Legislativo 2/2008,  menciona  la protección del patrimonio cultural y el paisaje en relación con las medidas a adoptar para alcanzar un desarrollo sostenible.


El paisaje como proceso

Una de las características que determina la naturaleza del paisaje tal y como en la actualidad es entendido, reside en el hecho de que no se trata de un concepto estático, de una “foto fija”, sino de un proceso. El paisaje debe ser concebido como algo en continuo movimiento, como una creación que no se interrumpe.  

Y en esa creación participamos todos los agentes que, de un modo u otro, interactuamos con el medio físico configurándolo en base a unos valores que cada cual aporta en función del papel que juega.   

Tradicionalmente se ha considerado como mayor agente influyente del paisaje al sector agrícola en tanto en cuanto su relación con el espacio físico es más directa y acusada, y su influencia se ejerce habitualmente desde parámetros de productividad. En nuestro entorno más cercano el sector agrícola continúa siendo mayoritario tanto en términos de población ocupada (estructura demográfica) como de generación de recursos (estructura productiva). Ello trae consigo que sea este sector quien ejerza la mayor presión sobre el paisaje en relación con su actividad.

Sin embargo, el paisaje tiene asignadas, además, otras funciones, y es la suma de todas ellas la que confiere al mismo su “valor territorial”. La consideración del paisaje como patrimonio implica, además de la conservación, la reproducción o, si es posible, el incremento del valor territorial.
   
Las funciones a que se hace referencia pueden clasificarse en tres grandes grupos: socioeconómicas, culturales y ecológicas.

De este modo, puede definirse el paisaje como una compleja red de procesos medioambientales, culturales y sociales.


El Paisaje Cultural

Introducida la dimensión cultural del paisaje, y a efectos de conocer las claves para la identificación de paisajes culturales, podemos recurrir a las Directrices prácticas para la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, en las que se afirma que  los paisajes culturales con frecuencia reflejan técnicas específicas de uso sostenible de la tierra, teniendo en cuenta las características y límites del ambiente natural en el que están establecidos, y una relación espiritual específica con la naturaleza.” (CCIPC - UNESCO 2005)

Se ha afirmado que los paisajes culturales son el resultado de la acumulación de los restos de los diversos paisajes históricos que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo.

En este sentido, el paisaje se ha convertido en un elemento cultural a proteger. Y así se considera ya en la legislación que se viene aprobando. (Por ejemplo en la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, de Patrimonio Histórico Andaluz).

Importa remarcar que el carácter cultural que se atribuye al paisaje opera en una doble dirección completando un círculo virtuoso en que los agentes (p. ej. pobladores del espacio físico) influyen en la configuración de un paisaje en función, entre otros, de unos valores culturales y a su vez el paisaje se convierte en portador de determinados valores que son asumidos por los agentes pasando a formar parte de su acervo cultural.

Descendiendo a nuestro caso, los habitantes de Rioja Alavesa no podemos desentendernos del paisaje y de su conformación, ya que hacerlo supondría por una parte renegar de una cultura que heredada,  que nos ha hecho ser como somos, y por otra renunciar a continuar enriqueciendo y haciendo evolucionar esa cultura con nuestras aportaciones como agentes integrantes del paisaje.

Límites del paisaje

El Convenio Europeo del Paisaje (CEP) (Consejo de Europa, 2000, art. 5.a) se refiere al paisaje como la autorrepresentación identitaria de una región, como “elemento fundamental del entorno humano, como expresión de la diversidad de su patrimonio común cultural y natural, y como fundamento de su identidad”.

En tanto que proceso, el paisaje es inherentemente inestable y no tiene un principio y un final claro; muestra una falta de equilibrio e inmovilidad.

La candidatura para optar a la declaración de Patrimonio de la Humanidad del Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo de La Rioja y Rioja Alavesa, ha sido presentada, como ya se ha indicado,  a instancias de los Gobiernos Autonómicos Vasco y Riojano conjuntamente, y ha dado lugar a opiniones encontradas en cuanto a su gestación y a la oportunidad de presentar una candidatura conjunta. No hay una respuesta categórica para dilucidar esta cuestión. El paisaje no entiende -aunque muchas veces se pueda ver afectado-  de delimitaciones administrativas, de suerte que aunque determinadas componentes del mismo pueden ser orientadas desde los estamentos público-políticos, otras variables, como el soporte físico y el espacio permanecen y se erigen en nexo identitario.

Si se tiene en cuenta que el paisaje queda configurado principalmente mediante dos fuerzas condicionantes:
1.- La propia ubicación física del espacio (“soporte”)
2.- El modelo territorial del que forma parte y en el que se ve inmerso, entendiendo por modelo territorial el modo en que una determinada sociedad se relaciona, ocupa y transforma un espacio determinado, habremos de concluir que es fácilmente apreciable que el espacio propuesto comparte un notable nivel de homogeneidad, debido entre otros factores al efecto continuidad, con independencia de que determinadas brechas (Rio Ebro principalmente) puedan atenuar en algunos casos tal nivel.

Para responder a la pregunta de si todo el espacio incluido en la propuesta comparte un mismo modelo territorial, la respuesta debe provenir de los sujetos actuantes (principalmente públicos) que tienen la capacidad para la definición e implementación del modelo territorial a aplicar en sus respectivos ámbitos. Medio físico, población, producción, patrimonio, infraestructuras, edificios, equipamientos, sistemas de conexión, marcos normativos, institucionales y sociales son aspectos que inciden y condicionan la forma de ocupar un espacio, y el “modelo territorial” se erige en una abstracción que trata de sintetizarlos.


Luces y sombras del Paisaje: Autoevaluación.  

En los últimos años se acumulan en las mesas del Consejo Internacional  de Monumentos y Sitios - ICOMOS (organización internacional no gubernamental que tiene como cometido promover la teoría, metodología y tecnología aplicadas  a la conservación, protección, realce y apreciación de monumentos, conjuntos y sitios,  y encargada del llevar a cabo el análisis y evaluación de las propuestas de inscripción de bienes de diverso tipo en las listas de Patrimonio Mundial) las propuestas presentadas  por diferentes Estados para reconocimiento de paisajes culturales, conjuntos paisajísticos y paisajes vitícolas. Sólo en el informe de ICOMOS correspondiente a la lista de 2014, aunque presentados antes de febrero de 2013  hay al menos 6, entre los que se encuentra el Paisaje cultural del Valle Salado de Añana, ubicado íntegramente en el Territorio Histórico de Alava.

Sobre éste ya ha recaído informe, incluyendo en el mismo la recomendación a la UNESCO para que el citado paisaje cultural no sea inscrito en la lista de Patrimonio Mundial.

Con independencia del negativo resultado cosechado en ese caso concreto, es importante extraer conclusiones que permitan conocer en qué parámetros ha de moverse una propuesta de este tipo, y a qué debe responder la presentación de una candidatura para la obtención del reconocimiento por un organismo tan acreditado.

Se traduce a continuación una sección del apartado “Conclusiones” que forma parte del informe emitido por ICOMOS con relación a la propuesta realizada para la inscripción del Paisaje Cultural del Valle Salado de Añana:

El ICOMOS considera que se trata esencialmente de un sistema profundamente restaurado e incluso reconstruido, no cumpliéndose las condiciones de integridad y de autenticidad. La orientación de la gestión del bien está guiada esencialmente por una visión de desarrollo turístico y de animación cultural.

En su informe de abril de 2014, en el apartado I Introducción, ICOMOS recuerda que evalúa los bienes sobre la base de las informaciones proporcionadas en las proposiciones de inscripción (dossiers) y sobre la base de la verificación sobre el terreno y estudios complementarios. De igual modo, evalúa la protección la conservación y la gestión del bien en el momento de la propuesta de inscripción y no en un momento indefinido del futuro cuando hayan sido adoptados las leyes y planes de gestión. El ICOMOS debe indicar al Comité si una protección y una gestión apropiadas han sido implementadas antes de la inscripción.

En un loable afán por allanar, facilitar y colaborar en el éxito de esta empresa, el Gobierno Vasco, como organismo competente, ha calificado en junio de 2014 como Bien Cultural con categoría de Conjunto Monumental, el Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo de Rioja Alavesa. En la actualidad, el Gobierno de la Rioja está tramitando una iniciativa en el mismo sentido.


Una buena forma de enfrentar este momento de espera en el que nos encontramos, hasta que se dicte el informe y las conclusiones correspondientes a la propuesta presentada, puede ser hacer un análisis de autoevaluación que nos permita identificar nuestra posición en relación con este tema:

1.- ¿Creemos que tenemos un “paisaje cultural” en el que concurren factores suficientes como para que deba ser objeto de inscripción en la lista del Patrimonio Mundial?

2.- ¿Creemos que nuestro “paisaje cultural” es suficientemente rico e identificador como para que deba ser objeto de protección esmerada?

3.- ¿Queremos que la riqueza (en todo tipo de valores) que representa nuestro paisaje tenga reconocimiento más allá del que podamos hacer nosotros mismos?

4.-¿Queremos compartir con el resto de la Humanidad esta riqueza, que hemos heredado y seguimos creando?

Las respuestas a éstas (y a otras muchas) preguntas son básicas para conocer nuestro posicionamiento ante nuestro paisaje cultural y nuestro reconocimiento del mismo. Como, con acierto, editorializaba esta misma revista en su nº 209, de mes de julio de 2014, “si vienen a evaluarnos, que vengan, nosotros naturales, con nuestros pros y nuestros contras, pero nosotros mismos”. Primero debe ser nuestro reconocimiento personal y colectivo como parte integrante del paisaje. Luego vendrán, si han de venir, otros reconocimientos institucionales que confirmarán el nuestro. Y los éxitos de otro tipo vendrán dados como consecuencia de los mismos. La búsqueda de esos éxitos no puede ser el buey que arrastre el carro de los reconocimientos, sino al revés.


Reflexiones finales

Para finalizar se presentan, a modo de resumen, una serie de conclusiones:

1.- El paisaje no es ni un dato ni una foto. Nosotros también hacemos el paisaje. Somos artífices del mismo y por tanto podremos considerarnos responsables del éxito en el caso de que la candidatura prospere. Igualmente deberemos asumir nuestra parte de culpa si, al final,  nuestro paisaje cultural no es merecedor del reconocimiento.

2.- Para abordar con éxito la sostenibilidad del paisaje debe quedar claro que la participación social no es sólo una exigencia democrática, sino una urgencia; aún a sabiendas de que a pesar del crecimiento de la “conciencia de lugar”, la participación no es la panacea, ya que existen otros problemas.

3.- El objetivo de aprovechamiento, a nivel de creación de riqueza desde el punto de vista económico, debe considerarse una consecuencia de la inscripción en la lista de Patrimonio Mundial, y no el motivo de la misma.

  

V.G.
Agosto 2014
 






   

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