jueves, 5 de marzo de 2015

"Requiem por San Cristóbal"

REQUIEM POR SAN CRISTÓBAL

Hace unos seis mil años un grupo de pastores, que merodeaba por la Sierra de Cantabria, cobijó su rebaño en el interior de un abrigo bajo roca. Era un sitio agradable su orientación al sur les permitía gozar de luz y calor naturales. Tenía un manantial próximo y pasó a ser un lugar recurrente en el que buscar refugio nocturno durante las temporadas de pastoreo estival.  Tales eran las condiciones del lugar que durante dos mil años se utilizó para la misma función. Pastores neolíticos, calcolíticos, de la Edad del Bronce acudieron de manera sistemática al mismo sitio. Allí acompañaron y protegieron a sus rebaños y periódicamente saneaban el lugar quemando los residuos depositados por las bestias. También abandonaron sus herramientas. Láminas y segmentos de círculo en sílex,  punzones en hueso y cerámicas lisas durante el Neolítico. Puntas de flecha, largas hoces también en sílex, cerámicas campaniformes, objetos de adorno personal durante el Calcolítico y Bronce. Durante todo este tiempo en el valle se fueron levantando aldeas de las que, desafortunadamente, no se conservan restos. Pero también se erigieron arquitecturas funerarias que hoy perduran y jalonan el paisaje.

 En época más reciente el sitio fue ocupado por gentes que aportaron al lugar cerámicas romanas tardías.

Posiblemente cuando en la Edad Media el sitio formaba parte de la Sonsierra navarra ya estuvo ocupado de manera permanente. Había que mantener los acuíferos limpios para surtir de agua a las plazas fronterizas con Castilla. De esta época proceden algunos de los silos excavados en el abrigo.
En el siglo XV se levantaron unos muros para crear un recinto eclesial. No debió de ser nada fácil aquel cometido. Piedras de arenisca acarreadas desde el valle. Piedras bien escuadradas y trabajadas conformaron las esquinas del edificio. Largas piedras de casi un metro conformaron la entrada de acceso al recinto. Lajas formaron las ventanas con derrame externo. La bóveda se construyó con travertinos traídos de la misma Sierra, de la senda de Berberana. El interior fue cuidadosamente estucado en blanco simulándose, en negro, un despiece de sillares regulares que ennoblecieran el recinto. En la pared de roca se pintaron cruces en color rojo señalando las estaciones del “via crucis”. Se tallaron hornacinas en las que depositar elementos de culto y, en la cabecera, se colocó un retablo. 
Tuvo que ser un centro conocido a juzgar por los restos recuperados en las excavaciones, entre ellos, un Hardy de plata de Enrique IV de Inglaterra Duque de Aquitania o un cornado de Felipe VI de Navarra. Fue centro de peregrinación con romerías que se celebraban anualmente. Seguramente fue testigo de guerras y enfrentamientos. Pero siempre se mantuvo en pie, desafiando las inclemencias de la Sierra.

El crudo invierno del 2009 hizo que la puerta y parte del muro se desprendieran. En diciembre del 2013 se reconstruyeron puerta y muros por parte de la Hermandad. El lugar había recuperado parte del esplendor que tuvo en su origen. Quienes la visitamos de manera asidua estábamos felices por esa  actuación que consolidaba y preservaba la ruina para generaciones futuras.
Pero por tristeza para todos la naturaleza ha querido recuperar para sí un espacio que le ha pertenecido desde siempre, del que los humanos nos apropiamos hace unos seis mil años. Un corrimiento de tierras desde las altas cumbres de Recilla ha asolado el lugar. El muro no ha podido aguantar la presión de toneladas de barro y piedras que han corrido montaña abajo. Muro, dovelas del arco de la puerta y ventana han desaparecido.

Algo que no había ocurrido en seis mil años  ha arruinado una parte importante de nuestro patrimonio común.

Sé bien cuál es el estado de la declaración del monumento. Pero creo que no es este el momento de discutir de quién es competencia. Desgraciadamente la política actual ejerce muy bien el pase de pelota cuando hay que enfrentarse a un problema serio. Los acontecimientos extraordinarios requieren soluciones extraordinarias. Esta es una de ellas. No es cuestión de lavarse las manos y pasar el problema a otro. Hoy necesitamos un esfuerzo solidario de todas las instituciones  para que un bien patrimonial, para que un pasaje de nuestra historia no quede en el olvido para siempre. Para que no tengamos que entonar un réquiem por San Cristóbal.

Javier FERNÁNDEZ ERASO.
Catedrático de Prehistoria UPV/EHU


1 comentario:

  1. Las fuerzas de la madre Naturaleza, de la Gea de los griegos, son incontrolables a pesar del espectacular y en ocasiones irracional avance científico-técnico.
    Pero la fuerza colectiva de la especie humana también es muy poderosa, espero, deseo y quiero creer que así será, que las Instituciones actúen como tales para la recuperación de un espacio que lo es humano desde hace 6.000 años.
    Un abrazo profesor que lo fue de éste que escribe hace ya unas décadas en mi querida y siempre añorada Universidad del País Vasco.

    Andrés López de Ocariz y Ocariz.

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