lunes, 6 de junio de 2016

Sólo era un gato, pero era mi gato (Carta de Jesús Orruño)

Sólo era un gato, pero era mi gato.
Lucas apareció un domingo de agosto hace casi ocho años, recuerdo que estaba sediento, muy sediento… Durante unos días anduvo merodeando por el jardín de casa, desorientado y huidizo. Supongo que alguien lo había abandonado, pues era un gato esterilizado, pero sin ningún tipo de identificación. Con el paso de las semanas se fue acostumbrado a nuestra presencia, de carácter prudente se mantenía a cierta distancia. A fuerza de paciencia fue aceptando la comida y poco a poco, se hizo asiduo a casa. Con el tiempo se instaló en nuestras vidas. El jardín de casa era su universo, siempre fue prudente ante la presencia de perros y procuraba mantenerse alejado de ellos.
Nea llegó hace un par de años, una perra abandonada, tremendamente flaca y con una enfermedad en los ojos, que también se quedó definitivamente en casa.
El caso de Lucas y Nea desmiente el dicho de “llevarse como perros y gatos”. Dos animales de diferentes razas que compartían juegos y siestas al sol, quizá esa fue la perdición de Lucas, aceptar que un perro no era su enemigo…
El jueves 2 de junio, un pastor alemán, suelto, propiedad de un vecino de Páganos, terminó con su vida. Una dentellada le abrió el vientre, destrozándole los intestinos, la otra le desgarró la garganta, perforando con sus dientes, la tráquea, impidiéndole respirar y haciendo que sangre y aire emanasen de ella. A los pocos minutos murió.
Esos perros sueltos ya habían sido motivo de mi preocupación, con fecha 23 de diciembre de 2014 había dirigido una carta a la Junta Administrativa de Páganos, exponiendo la presencia de perros suelto por el pueblo, algunos incluidos en el decreto 101/2004 del Gobierno Vasco y sujetos a una reglamentación muy restrictiva. En aquella carta, lo único que solicitaba, era que, para facilitar la convivencia entre vecinos, era necesario que los perros no anduviesen sueltos por el casco urbano.
Me he dirigido al propietario del perro para comunicarle mi decisión de denunciar lo ocurrido, su familia lleva muchos años ligada a la Junta Administrativa, y creo que deben ser los primeros en dar ejemplo en el cumplimiento de las leyes.
El dueño del perro es una persona bastante mayor y por la expresión de su cara, creo que se ha preocupado, más por la posibilidad de un problema legal, que por lo ocurrido. De momento he guardado en una carpeta los datos y fotos de lo sucedido.
Espero que lo ocurrido con Lucas sea el último de estos incidentes, por desgracia no ha sido ni mucho menos, el primero, el jueves fue un gato, pero mañana puede ser un niño defendiendo a su mascota.
Lucas no volverá a jugar con su amiga canina en el jardín, no volverá refugiarse del calor bajo las sábanas húmedas, recién tendidas, ni volverá a recibirme cuando llegue a casa, creo que mi gato tenía alma de perro…
Sólo era un gato, pero era mi gato.
Jesús Orruño Lorenzo

Páganos-Araba 3 de Junio de 2016.

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